Monday, December 12, 2005

domingo, 11 de diciembre

(15h17min)... hola... que ... que desde ayer estoy mucho contigo... -dice su voz
Lo que pasa que es tan ... tan personal... y va todo tan por dentro... que aunque llevo aquí tres horas intentando escribir un correo pues no puedo... No puedo... es que ... yo ahora las cosas que pasan te las quiero mirar... Te las quiero mirar con los ojos y tocártelas... y acariciarlas... No se puede contar lo que es besable; lo que sólo es besable, no... y.... me están pasando cosas, tío... ¡Uf! Es que son todo el tiempo cosas y las cosas opuestas a la vez... O sea yo quería conocer esto pero no pensaba que era así, tan complejo... Es... es muy complejo sentir todo esto a la vez.... O sea ahora no lo quiero todo para mí.. Ahora es ... es mayor la necesidad de saber que... que quiero que vivas las cosas, todas las cosas... que el poder estar yo, en todas ellas, como sé que no voy a poder estar...


Luego un par de Sms


'''Soy en la corriente una isla cercada de luz y la brisa ondula las aguas verdes. Aunque no tan suave como el lecho del capullo de seda soy feliz con el azul de mi vestido... Ama, cuando bebas hasta muy tarde, trae a tu amante a festejar aquí'''. Liu Yun.

Ese poema ahora soy yo


Y luego un correo interminable que acabo de enviarle ahora. Desde la semana pasada no le había escrito, ni llamado, ni quería hacerlo. Pero eso no es el Amor. El Amor no es establecerse en una lucha de poderes frente a lo amado.

Thursday, December 08, 2005

Jueves, 08 de diciembre

Yo tenía un diario íntimo colgado en alguna otra parte, un diario con muchas fotos mías, sonriendo, siempre en posturas sexuales, incluso caminando por la calle, y en la mayoría aparecía desnuda y hasta había una chupándole la polla a mi marido pero un día me di cuenta de que ya no lo quería tener más...

Entonces dejé de escribir acerca de todas mis cosas cotidianas y dejé subir fotos mías a la red. No es que me fuera de mí. Pero quise alejar a los demás.


Jueves, 08 de diciembre del 2005


Tengo 38 años. Soy castaña, de un castaño indefinido. Tirando a alta, aunque eso es mentira. Es por mi forma de ser, como si fuera muy estirada. Y el año pasado me compré una falda vaquera en Adolfo Domínguez de la talla 38. Aunque casi todo es de la 40 para la parte de abajo, y si quiero estarme cómoda dentro de la ropa... arriba tiene que ser por narices una talla más. Me mantengo siempre igual. Voy a la peluquería dos veces al año. Y sólo voy a ponerme los rizos. Ni siquiera dejo que terminen de secarme el pelo. La última vez que fui me llevé conmigo la biografía de Balthus. Me fascinó su Alicia y me inquieto él que allí a nadie más pareciera inquietarle... Y ahora cuando me peino, me siento del otro lado del espejo, no sólo allí. También ocurre en la ducha. Este otoño he perdido mucho pelo. Extrañamente todos mis rizos más largos, ahora sé que aunque los cabellos no duelen cuando se te caen, duelen de la misma forma que ese hombre al que echas de menos. Pero lo que parece es que me he cortado el pelo, la loca dice que tiene que haber sido por el estrés. El lunes saldré de dudas. Ayer me senté en un pequeño parque y pedí cita para el médico. Jamás salgo a la calle sin maquillar.

Tuesday, December 06, 2005

miercoles, 07 de diciembre

Ayer vi a la zurda. Antes la llamé. No estaba en casa. Y como yo no tenía un plan fijo, seguí deambulando durante un buen rato. Entré a un supermercado. El que queda justo frente a su edificio. Me hago con otra botella de Baileys y una de lambrusco. Y en la caja, cuando voy a pagar, suena el teléfono. Que dónde estoy -dice. Aquí mismo. Nos vemos en su portal a los dos minutos. No quiero subir y nos ponemos, como idiotas, a hablar al lado mismo del micro. Luego nos damos cuenta del error. ¿Lo habrá oído todo Santos? Nos alejamos poniendo yo cara de pesar y ella de incertidumbre, unos pasos hacia abajo, hacia el epicentro de la calle, como si quién debiera de lamentarlo el doble fuese yo, y no es así. Y la zurda está preciosa. Le han dado un corte de pelo francés que es como una cirugía estética, y de repente se ha sacudido como cinco años de encima. Y me cuenta que ha intentado localizar a ese hombre al que yo le subo la cremallera el sábado de madrugada bajo mi paraguas; lo busqué en la guía de teléfonos -dice, pero luego se da cuenta de que no recordaba con precisión su primer apellido. Yo ni el número del panteón. Ella sí, claro. Ella era todo ojos. Y me habla del año que viene, de cuando sus hijas cursen estudios en el mismo instituto. ¿Has estado fantaseando también con eso? ¿Pero como es posible? Ese es el hombre indicado para tener una aventura - y le brillan los ojos, cuando dice eso, como si lo que estuviera contemplando en vez del futuro, fuera el espectáculo de unos fuegos artificiales sobre una marina pero desde un alma de niña. La encuentro conmovedora y procuro enterrar, muy hondos en el olvido, esta decena de años de daño y dolor en los que yo le contaba lo mismo y ella no me comprendía, en los que yo le contaba lo mismo y ella no hacía otra cosa que desear lo mismo. Pero lo mismo que deseaba yo y siempre sin ser capaz del todo de dejar de asestar golpes de traición y besos de judas en la mejilla. Desde luego, parece que todas somos igual de imbéciles cuando nos gusta un hombre. ¡Ah! Es que no lo dije pero a la zurda en la madrugada del sábado, cuando salimos de aquel último garito, la sacudió la casualidad con sus brazos y tal vez la iluminó el Amor. Aunque eso es pronto todavía para predecirlo.


*(lo cuento en los comentarios)

martes, 06 de diciembre

Hoy mi madre se alegró mucho de verme. Nunca parece que se alegra pero hoy fue distinto. Yo me presenté de sorpresa con una botella de vino para cenar juntas y algunas porquerías de esas que tienen cincuentamil calorías. Me dijo que había tenido un sueño conmigo muy malo. Una pesadilla. Me dijo que llamé a la puerta y sin que me abriera la puerta se abrió y me vio como a una muerta. Alargada, extrañamente. Vestida de verde azulado. Con un vestido muy largo, como un saco, y que cuando me miró los pies se dio cuenta de que no tocaban el suelo. Dijo que sólo la miré, que la miré intensamente y le di pavor. Luego me moví por el pasillo y pasé a su lado. Y aquí le di frío. Me siguió con la vista sin ser capaz de digirse a mí. Giré en una esquina del pasillo y me perdí en una habitación, su habitación. Luego nos estuvimos riendo y le conté que el viernes vi a mi tórtola. Me las tropecé de golpe a ella y a su madre, a unos metros. No me dio tiempo a preparar ninguna reacción. Sólo le hago un gesto con el cuerpo y la cabeza, balanceando una sonrisa en la boca. Me comporté como una amapola en un campo, una amapola agitada por la brisa del viento. Y mi tórtola me imitó en ese telegrama de afecto. Así se acababa el problema. Dudé mucho de ese momento. ¿Podría, el que su madre fuera con ella, coartar mi libertad de expresión? No, fue mucho mejor que cualquier palabra. Ya no siento que tenga que decirle palabras a nadie. Sólo mi cuerpo y mis gestos son capaces de decir por mí todo lo que yo quiero decir y no puedo. Ahora soy la boca que besa y no la boca que habla. La boca que permanece en silencio, que parece como tragada por el silencio. Mi madre dijo: 'cada día le tengo más asco a ese tío. No te creas -le respondo yo. A mí supongo que me ocurre algo de eso. Ella habla del padre de ese pájaro mío de alegría y ternura. Luego le digo que no debe de preocuparse por ese sueño (creo que sé lo que significa: me estoy despidiendo, hace semanas que sé que comencé a hacerlo), que no quiero que sienta pena por mí, que sólo debe de recordar que yo viví todo lo intensamente posible, y que lo viví cuando aún era posible, que me acerqué mucho a todo aquello que deseaba, que me senté sobre ello, que lo rocé, que creí hasta poder abrazarlo con mis brazos, y que saber eso tiene que ser lo bastante fuerte, ocurra lo que ocurra, como para tranquilizarla. No quiero que nadie derrame lágrimas por mí: aunque sé que sería inevitable que la zurda, mi vieja, Fernando y Susana lo hagan. Pero si me preguntaran a mí, me gustaría sólo que los que quiero rían siempre conmigo, o acordándose de mí. ¡Jo-der, la cabrona aquella...! Deberían tener eso en cuenta. Mi madre no me quiere como para llorar por mí de esa manera pero creo que la conozco lo suficiente para saber que entonces lloraría por ella, por todo el cariño que quiso darme y que su cerrazón íntima impidió. Entonces se atormentaría y yo ya no estataría allí para abrazarla. Y sería una putada eso. ¡Jo-der! mi madre es como una niña pequeña. Una niña que aún no sabe que si aprietas, y aprietas y le quitas la vida a un pollito entre tus manos, la muerte ya no te lo devuelve

Monday, December 05, 2005

- viii - (paréntesis)

CONVERSACIÓN VIRTUAL EN EL TIEMPO (15 días)
¿va todo bien?... Un beso

Sí, Sí, ... No te preocupes :)
Se supone que llega el
Martes en un tren. Hasta entonces... ufff.
Tiene que venir. Tiene que venir.
Lo sé.
pero si un tren de Madrid llega a tu ciudad a
las tres de la tarde, ¿a dónde tengo que ir?
¿A la estación dónde
cojo el mío? ¿O a otra? Estoy hecha un lío
La última parada de cualquier tren que llegue aquí es la
tuya, o sea, en la que te subes o te bajas tú, no obstante voy a preguntarle a
M. Si me dice algo, te mando un sms inmediatamente. JODER, qué nervios!!!!Si por
cualquier cosa, no te "veo" más antes de mañana, mucha suerte :-)
Deseo que todo te vaya estupendo, Un abrazo
enorme
(15h27min).... Muchas gracias pero mira qué horas son y sigo sin saber
de él. Desde esa llamada que me hizo la semana pasada... Este tío un día
conseguirá que se me pare el corazón :))

Llamó a las cinco. Jadeaba. Decía que había corrido hasta su despacho porque
se detuvo a comprarme tres pelis :)

Me dijo que era Feliz
sólo de pensarlo :))

Un beso
No he vuelto a encender el ordenador desde el mensaje que te dejé ¿qué
tal todo?, ¿vino? ¿os vísteís? .....Yo pringué el examen, así que el próximo
jueves, tengo que volver, qué puta mierda, estoy muy estresada.Un beso
:-)

Sí, vino y me Enamoré :)
Es irreversible :'((
No me puedo creer
lo que me está sucediendo con él ... pero ahora no puedo escribírtelo porque
prefiero que lo hablemos cuando termines tu strees y ya puedas dejar de chapar
:))

Siento lo del examen tía ...
Joder, qué guay, me alegro muchísimo por tí, de verdad
:-))
En cuanto termine el puto examen, quedamos y hablamos
mientras comemos ¿eh? Un beso.

Esto es jodidísimo. Este tío va a acabar conmigo. No me ha escrito, ni me ha
llamado, ni me ha mandado un puto sms desde que se fue. Y yo estoy cada día más
loca por él
Joder! ¿estás bien?, yo llevaría fatal eso de no saber nunca cuando va a
dar señales de vida...Un beso, que ya me voy

Pues no sé ni como estoy pero creo que como soy mayor que tú y ya he vivido cosas mucho peores... eso ayuda algo :)

Yo tampoco sé lo que voy a hacer mañana. O sea no sé ni yo misma lo que puede pasar. Voy moviéndome en función de mis apetencias. Ahora sí me apetece llamarle, le llamó. Ahora me apetece escribir, escribo. Ahora me apetece irme de ese blog que se sabía. Pues me voy y escribo para mí durante unos días pero no como si me importara que él lo leyera o no...

De todas formas, me siento muy Viva :)

Es el tío que me gusta pero va por libre. No me gustaría si fuera de otra manera. Tiene que ser alguien que sea como yo :)

Y yo soy así de jodida. Mira sino lo que a veces le hago a 'la zurda' de desaparecer de su vida incluso durante semanas... y no es por joderla, que va, lo siento por ella pero no es mi problema, yo sólo estoy siguiendo mis ritmos internos... además ella sabe que siempre vuelvo, ¿me entiendes? Me están tratando como trato y no me puede parecer mal porque me reconozco en ello...

Tengo que darle tiempo y que pase lo que tenga que pasar. Él sabrá ....

Os quiero mucho a las dos :)

Y tú dame los datos de esa agenda si no te importa. El otro día fui a comprarla y no la encontré...

Se me olvidó decir que 'la zurda' o esa mujer vieja que es parte de mi alma, también lo pasan muy mal cuando yo ''me enfado'' por teléfono por algo que estoy escuchando y luego estoy días desconectada... pero saber que ellas lo están pasando mal no es ningún motivo por el que yo tenga que romper ese silencio en le que me apetece estarme quieta. ¿Lo entiendes? Sé que tú no has llegado a esto todavía... y no es necesario que llegues.... Son, eso, maneras de vivir :)

No creo ser una hija de puta por plegarme a mis necesidades, sobre todo cuando ellas ya saben como soy... y no voy a pensar que él lo es, sólo porque esa sea su política interior. Entre nosotros no hubo falsedad de ningún tipo esta vez.

Fue acojonante. Es lo único que sé :)

Sunday, December 04, 2005

Domingo, 04 de diciembre

El viernes la zurda me llama durante todo el día. ¿Estás mejor? -me pregunta. Sí, no te preocupes. Así que si esta noche quieres salir, salimos y punto. ¡Pobre zurda! -pienso. Siempre tan desgraciada. Hay que aprovecharse de sus escasos momentos de entusiasmo. Se merece el esfuerzo. En realidad no estoy mucho mejor. Y hoy tampoco. Pero pasa a recogerme y mientras ella que viene del gimnasio cena, yo agarro una manzana del frutero de su cocina y como eso. Santos le tiene preparada una chuleta con patatas fritas sobre la mesa y no dice nada cuando me ve allí. Luego, antes de irnos, froto con la palma de mi mano esa lámpara maravillosa que la zurda me muestra. Ahora está arrepentida con la adquisición. A la zurda le gustan las antigüedades y tiene un gusto caro, y ésta en concreto, le ha salido por un ojo de la cara -me dice Santos luego quejándose aparte, porque lo peor de todo es, dice, que ahora a ella no le gusta como antes, como cuando la vio en el escaparate en el que la descubrió. ¿Qué haces? - me pregunta la zurda con la mirada. El hamster asesino rota la rueda. Yo sí creo en el poder de los deseos -le digo. Déjame que la frote por ti y a ver lo que pasa... Algunos dicen que soy mágica y la zurda lo sabe
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Y salimos y llueve. Y hablamos del amor. A ella le parece de fábula que no llame a ese hombre. A mí por momentos sólo me resulta una idea atractiva y atemorizante a partes iguales. Si no le llamo y él tampoco me llama, todo se acabaría aquí y con ello esta angustia profunda y constante en la que me envuelven las incertidumbres a las que él me somete durante semanas. Ella entiende que él tiene demasiadas facturas que pagar, y yo no que esté tan ocupado con su trabajo y sus proyectos que no tenga ni un sólo minuto para acordarse de mí o enviarme un puto Sms, felicitándome, por ejemplo, la Navidad. Se suponía que lo nuestro había sido mágico, ¿no? Y no se habló una palabra más acerca de ello. Ella dice que me estoy volviendo tan práctica que no sé lo puede ni creer. Ahora me preocupa el futuro y lo poco atractiva que puede resultarle mi mente a alguien como él. Yo predecible, qué gracia. Y lo que entiendo, es que soy tan compleja como una paloma con la que se ha estado ensayando un experimento diabólico en la Skinner Box; lo de las ramitas de olivo era circunstancial pero ahora la paloma gestícula como una loca para que le den de volar. Gira el cuello en el dirección contraria a las agujas del reloj, picotea el suelo, alza alternativamente dos veces cada ala y luego termina por fingir un desmayo. Y ni aún así consigue que le pongan el olivo en el pico, cuando la tía lo que se merece, como poco, es una jaula dorada al lado de las cebras del circo y la de las llamas. ¿Te apetece que nos acerquemos a la Bodega Verde? -le digo. Tomamos unos vinos y luego nos vamos. ¿Pero qué cosa dices? Ya te dije que no pensaba volver por allí. Es cierto pero luego dijo que estaría bien lo de organizar en la bodega una cena para sólo mujeres y ponerle a Américo los dientes largos. La zurda es perversa. También se acuesta con los hombres y luego se avergüenza, y sueña con encontrárselos el día menos pensado persiguiéndola hasta un garito desvencijado que existe en el culo del mundo. Así es como llama ella al pueblo de su marido. A Américo lo vio una vez allí después de que fuera mi amante y lo deseó. Bueno, deseó sentir lo que yo le había contado. Y no paró hasta que se lo serví en bandeja. Alguno tenía que ser. Parecía que necesitábamos exorcizar algo entre nosotras y como a mí los sentimientos resultaba que se me habían muerto...
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Y Américo es un tipo increíble, no como los gilipollas que ella conoce y frecuenta, y supongo que si las cosas hubieran sido sólo un poco distintas hubiera querido seguir acostándome durante mucho tiempo con él. Es que Américo me gustó mucho cuando le conocí. Aquello nuestro que durante unos meses nos sostuvo me pareció lo más cercano a una experiencia de comunicación Vital. Pero Américo es de los que si algún año supieron... ya han olvidado como hacerte volar. Individuos tan prendidos a su miedos que sólo piensan en ellos, incluso cuando follan y te masturban, lo hacen con sus alfileres. Pero sinceramente, ¿lo que más me gustaba de él? La manera especial que tenía de recorrerte la espalda con la mano cuando se agotaba su orgasmo. Era como si quisiera descargar todo su alivio en ti através de su mano o por lo menos yo lo experimentaba así. Y un día de hace un par de meses la zurda se acostó con Américo. Bueno, dígamos que la última vez que salimos juntas llovía y eso fue lo más interesante que ocurrió. Disfrutamos juntas de un hombre por tercera vez. Primero en la playa, bajo la lluvia y después en su furgoneta. Aunque esa vez se lo cedí con gusto. Para dos no había y yo no soporto las migajas. Además fue bonito aquello de la complicidad que se estableció entre los dos. Yo le sonreía con los ojos todo el tiempo y él me sonreía de la misma forma, sin apartar su vista de mí, mientras la zurda mantenía los ojos cerrados y él la besaba. Fue como si corporalmente estuviera con una, pero luego la mente se encontrara más allá del cuerpo con la falta de corporalidad de la otra. Debía estar resultándole terriblemente excitante sino fuera por el miedo. A mí no. Para mí sólo fue curioso sentir tan poco por un hombre que en el pasado llegó a decirme tanto.
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Pero en el fondo compadezco a Américo. Tampoco tiene fácil aquello de que alguien de su entorno estimule un mínimo su cerebro. Por eso le gustaba yo y no quería acostarse conmigo. Decía que era una persona muy interesante para desperdiciarme con el sexo. El sexo entre nosotros era brutal pero para su gusto demasiado. De repente toda la estabilidad de su vida se tambaleaba. Decía: apareces y me tambaleo y nosotros no nos podemos enamorar -añadía. No sería justo para ninguno. Pues tú no lo hagas.Esa era mi respuesta. No encontraba justo el que lo único que a mí me interesara de él fuese el sexo. Pero era sólo eso. Lamentablemente y la justicia no existe. Y luego, después de eso, vino lo mejor, la zurda y yo nos reímos mucho, estuvimos riéndonos durante horas, días, semanas, y cogimos más confianza entre nosotras. Tanta que de repente hasta nos parecía que podríamos comernos juntas a cualquiera de mis amantes. Bueno, es que los suyos quedan descartados por deplorables.
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Llueve a mares. Y tomamos una calle arriba mientras seguimos hablando del amor. Luego una cerveza belga en una cervecería desde la que yo, de vez en cuando, miro por el rabillo del ojo hacia esas ventanas que hasta hace cosa de un año consumían toda mi atención. Antes de ahora, sí estuve muy enamorada de un tipo que vivía con su familia en aquel sexto piso surcado por una luz mortecina y sepia. El tipo se llamaba Sixto P. y cuando lo conocí me recordó a un poema de Benedetti. Uno que habla de la tristeza y las ventanas. A veces Benedetti también resulta sepia y mortecino, como cuando recita versos suyos o de otro en alemán. Y subo por las escaleras en busca de la intimidad del baño donde me lío un cigarro de marihuana suave. Bajo con él guardado en el bolso y nos vamos pero antes me siento tentada de atizarle a un payaso un puñetazo en la punta de la nariz. Aunque luego lo dejo sólo en una de mis miradas. Dicen que son más físicas y duelen el doble que los golpes. Yo, como no me la he visto, no puedo opinar.
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Y fuera sucede una tormenta inenarrable. Las cúpulas de la catedral se iluminan bajo una luz espectral. Es un espectáculo muy bello. La zurda tiene miedo y yo trato de darle confianza. Hace años que me curé el miedo a las tormentas cuando me sorprenden por la calle. Lo malo es en casa, cuando me quedo sola y se apaga la luz. Eso sigue asustándome. Y entonces casi prefiero salir a la calle en busca de la sensación de control; de lo que deduzco que lo que me asusta sigue siendo la oscuridad como cuando era niña y no podía soportar, bajo ningún concepto, dormir sola y mi abuelo, noche tras noche, me contaba cuentos chinos de la familia hasta que mi cansancio le liberaba.

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Una cerveza más en un pub con nombre de ábside, situado frente a una iglesia románica, en el que no habíamos estado nunca. Y una última en el garito que las dos solemos frecuentar, casi como religión los viernes por la tarde. Dos jovenes caminan delante de nosotras. Él más rubio se da la vuelta y me mira. Nos dejan adelantarles y luego nos siguen. Me doy cuenta de eso, la zurda no. Hace una hora que hablamos de trabajo. La zurda es ambiciosa y no quiere jubilarse trabajando para el hospital. Me pregunta si yo estaría dispuesta a comprometerme con ella en un negocio. Está pensando en abrir un centro de día para ancianos, y desde hace una semana no hace más que perseguirme con un periódico en la mano. Mira, aquí piden -me dice. ¿A quién me recordará? -pienso como hablando con él. Y lo que pienso es que le resutaría divertido si pudiera contárselo. Quizás otro día, tal vez, de nuevo, cenando. Pero Zurda, por favor, y que pinto yo en eso si ni siquiera tengo 'curriculunvite' que envíar. Tampoco me atrae la idea de lo que me propone. Pero procuro no decepcionarla. Ella y sus expectativas. Yo le hablo de irme, lejos, una temporada. Es lo que me pide el cuerpo. Pero la zurda a pesar de que le digo que no, pretende arrastrarme hasta la nieve el sábado. No quiere aprender sola a esquiar. Quiere que aprendamos juntas las dos y le hagamos de mascotas a Sandra. Y hablamos del amor. Le digo que si puedo enseñarle esas fotos que le hice desnuda, a Coga. Coga la encuentra bellísima. ¿Es tan blanca? -me pregunta. La zurda es como de alabastro. Yo asiento. El contraste le fascina pero ni aún así siento celos o envidia de esa levedad.
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Y ahora no puedo seguir. Es tarde.

( - ) de 24 horas

- i -
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Da la hora y de pronto el marcador digital se oscurece. Miro a la vía con angustia, nada asoma. Busco a Tracia en el cielo, entre los raíles de la estación. Yo no tengo un ángel. Tengo una gaviota y las gaviotas son mortales. Me alarmo. No sé por qué se apegó a mí . Lo ignoro. Apareció, sobrevolándome un día, la miré y ya no se fue. Y Tracia parece que no envejece. Imagino que la Muerte será el día que no la vea. O será el día que me lleve a volar con ella.

Pero todavía no sé que esa madrugada he de mirar cara a cara a la Muerte, todavía desconozco tantas cosas importantes en ese mediodía... No sé, por ejemplo, que voy a sumar a dos hombres que un día se dividieron. Yo los dividí en mi interior. Tampoco le pregunté a él si en algún momento notó la diferencia, y menos qué fue lo que pensó acerca de esa inquietante cuestión. Le resté importancia. Quise hacerlo y fue pasmoso eso. Ahora lo entiendo. Pero tampoco entonces sé que me voy a enamorar más profundamente, más de lo que estaba previsto. Yo le había reservado sólo ese hueco del calendario para luego tal vez huir. Pero dos hombres que se reúnen de pronto fueron demasiados para ese hueco. Así que me enajeno y todas mis mujeres bailan con ellos. ¡Imbécil! -me atormentaría a la noche la uruguaya cuando no duermo, luego, ¿cómo se te ocurre siquiera pensar eso? Previsto, previsto. Eres tan imbécil que hasta te lo mereces. La uruguaya es dura. Pero no más conmigo que con ella. Ya pasó por la misma experiencia y es puta. Una puta culta que sólo se alquila y lee libros de poesía, que luego esconde en sitios imposibles. Dice que lo hace por su trabajo, para poder acceder a esos hombres que son como él, pero luego no tiene teléfono. Es por ahorrar. ¡Todo pamplinas! Bajo esos bocajarros que te escupe la uruguaya es tan tierna como yo. Mi bebé -dijo. Por un momento se apagaron los interruptores y me desconecté -me disculpo con ella. No noté el dolor. Así que no sé dónde fue que estuve. Me debatí sobre su boca. Me debatí como una roca en el acantilado de una galerna, y creí poder apresar para siempre las terminaciones nerviosas de su lengua, con los músculos más estrictos de los valles cóncavos de mis labios internos. Clavé mi coño en su cara, más hondamente, como si fuera una función transitiva. Y fue un transito. Ebria de deseo y humo alucinogeno me besó la eternidad. Le pedí que se detuviera. Ya no lo quería. Me aterrorizaba quererlo más. Se lo supliqué. Me desesperé. Aún así no lo hizo, se agarró con fuerza a mis nalgas y siguió lamiéndome con una impunidad feroz. Lobo con la loba de alambique. Luego mi clítoris se ocultó dentro de su boca y yo sólo supe que él lo hizo girar. Entonces mi cerebro estalló. Fue algo atroz, insostenible, como un cambio de estructura molecular. La vibración continúo viaje conmigo. Y entre el temblor se abrió un abismo que surgió de la más absoluta oscuridad. Pero yo en el fondo supe que ya no podía, que no quería bajarme de aquello. Era como una prueba. Aunque sospecho que él también lo supo. Y es en ese mismo instante en el que siento que ese hombre sin nombre, me conoce mejor que yo a mí misma, tanto como si estuviera dentro mío, tanto como si pensara lo que yo pienso en el instante mismo en que lo estoy pensando, en el instante en que lo he comenzado a pensar. Sólo necesitaba que alguien me empujase pero no logro confiar en nadie para esa labor. Sólo en mí así que me quedaré sin conocerlo. Pero luego le conozco a él. Y en él también confío. Algo me empuja a hacerlo. En ese amante que a veces sólo es silencio. Creo que supo que si continuaba iba a desconectarme. Y lo quiso. O eso, o que luego le mataría. Pero yo sólo le habría matado por haberse detenido. Me Ganó más de dos veces en menos de 24 horas, cuando nadie se había aproximado siquiera a hacerlo ninguna. Eso lo sabes justo en el momento que ocurre y luego ya no lo olvidas. Estaba arrodillada con las piernas abiertas sobre su cara. Abierta y volcada sobre el vértigo como una matriz. Como ese líquido fluido y puro que golpea el suelo desde las manos de aquella Circe pintada por Waterhouse. Derramándome. No debía ni dejarle respirar. Pero aún así no se detuvo. Me obligó a ir más allá. Y aún más allá de lo que nunca habría imaginado posible. Fue entonces cuando entendí a la uruguaya. Una hora antes no había sido capaz. No había nada ahí afuera, pero Nada. Grité. Detente. No sé que el Amor no tiene nombre, y que por eso aún no lo digo, no lo sé explicar. Quiero decírselo y no puedo. El amor es un secreto. Debe de ser un secreto. La atrayente belleza de esa impávida incertumbre. Y aquí encajan como una cerradura engrasada, esos versos de Mark Strand.

“la puesta de sol. Los prados ardiendo./ El día perdido, perdida la
luz. / ¿Por qué amo lo que huye?”


Eso que compartimos sin nombrarlo, que no nos lo podemos ni explicar. El Amor es una sensación abominable. Aún así, durante días, quiero decírselo y no soy capaz. Quiero contarle como él me contó, con esa mirada suya de ojos bajos que amé... Tracia planea. Por fin la veo por entre los tejados. Me entretuve observando la cámara que estaba sobre mi cabeza, a la derecha, y el grupo de muchachos que esperaba para montarse, por la llegada de otro tren y que a cada minuto se hacía más denso. Eso a la izquierda. Estudiantes. Algunos miran con osadía a esa mujer del abrigo negro y la bolsa de deporte burdeos. Yo. Luego otra mujer vino y se sentó a mi lado. Encendió un cigarrillo, aspiró el humo, sintió el vuelo de mi mirada posándose sobre sus manos y se crispó. Pero Tracia ataviada en sus grises me hace por fin una seña. Sonrío. Quiero pedirle disculpas. Me consuela. Precioso pájaro mío de la casualidad. Si te caga una gaviota estás de suerte. A mí me sucedió cuando era muy pequeña. Estrenaba un vestido nuevo e iba de la mano de mi abuelo. Las detesté con un odio inverso y planificado. Me enfadé mucho con todas hasta que Bach me prestó algún motivo suyo para no hacerlo. Y aquella gaviota también tuvo nombre. Fue la primera. Luego otra, una que vi una mañana estrellarse contra un ventanal. Y luego Tracia, que ya sabe lo que yo no sé. Sabe, por ejemplo, que en las estaciones las mujeres que esperan por el Amor se desorientan. Y me planea que no es necesario que esté tan pendiente de ella, que me despreocupe de su estres, que lo único es que justo cuando la vea... sabré que todo va bien o todo va mal. Ahora recuerdo, Tracia me acompaña desde que Maria de los Ángeles dejó de poder hacerlo y aquel día empezó a rezar el doble por mí. Me lo dijo. Pero no me importo. Me preocupaba más su riego, sus dolores y la osteoporosis de sus huesos. Reza por ti -le dije. A los no creyentes nos importan los rezos una mierda. Entonces apareció Tracia pero yo sigo sin creer en Dios, aunque en estos meses últimos, varias veces me haya planteado la posibilidad de que exista y de que sea un tío cojonudo. Siento más frío, de pronto un frío más frío que me abarca el alma. El aliento se hiela dentro. No respiro. Ese talgo amarillo hace su entrada en la vía de la estación en la que se anunciaba su llegada. No voy a olvidar ese instante. Lo abominable viaja sobre raíles. Y el corazón se detiene porque presiente que van a arrollarlo. Y yo sólo siento que si en el próximo minuto no le veo, voy a morir.

De ese tren bajaran las maletas de mi destino pero yo eso aún no lo sé. Tal vez Tracia. Luego él, antes de que pasen 24 horas, se las llevará consigo.


Ahora el deseo se anuda a mí como una centella y me ahoga la
garganta. Adiós a la voz

- vii - (paréntesis)

LO QUE ERA

Era imposible imaginar, imposible no imaginar, lo azul de aquello,
la sombra que arrojaba, su caer, su llenar lo oscuro con el frío de sí mismo,
lo helado de aquello desprendiéndose de sí mismo,
de cualquier idea de sí mismo descrita en su caída;
un algo de minucia un punto, una mancha,
una mancha dentro de una mancha, una hondura sin fin de lo minúsculo;
una canción, pero menos que una canción, algo ahogándose algo que va,
algo que va, una marea alta de sonido, pero menos iba que un sonido,
su duración, su vacío,
el tierno y pequeño vacío de aquello de llenar su propio eco,
su caer y su alzar inadvertido,
su caer otra vez y de tal forma siempre y siempre por causa,
y sólo por causa, una vez ocurrido, era...

Era el asomo de una silla. Era el sofá gris, eran los muros, el jardín,
el camino de grava, la manera en que la luz de luna caía sobre el pelo.
Era eso y más. Era el viento que se ajaba
entre los árboles, era un escándalo y confusión de nubes,
una marea salpicada de estrellas. Era la hora que parecía decir
que si sabías en realidad que tiempo era, no volverías
a pedir otra vez ninguna cosa. Era aquello. Era ciertamente aquello.
También era lo que nunca ocurrió; un momento tan lleno
que cuando se fue, como debía ser,
ninguna pena fue tan grande para contenerlo.
Era el cuarto que permanecía inalterado tras tantos años.
Era aquello. Era el sombrero que ella olvidó llevar,
el lápiz que dejó en la mesa. Era el sol en mi mano.
Era el calor del sol. Era la manera en que me senté,
la manera en que esperé por horas, por días, era eso, sólo eso.

Mark Strand

Thursday, December 01, 2005

Telegrama


Querida mujer. Stop. No te preocupes por mí. Stop. Primero pasé unos días en un bosque de hayas, pero luego tuve que irme... Stop. Subí a un coche. Stop. Estuve un par de semanas en una pensión de una ciudad. Cualquier ciudad. Stop. Fue feliz. Inmensamente feliz. Stop. Ahora me siento enferma y tengo miedo. Stop. Tengo mal remedio: soy un culo inquieto. Stop. De momento puedes escribirme a esta dirección. Stop. Pero no sé hasta cuando. Stop. Ya sabes xD. Stop. Cuídate mucho. Yo también lo haré. Stop. Te quiero. Stop. Promete no olvidarme...
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Don´t know Why

'... My heart is drenched in wine But you'll be on my mind Forever...'

Norah Jones