Sunday, December 04, 2005

( - ) de 24 horas

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Da la hora y de pronto el marcador digital se oscurece. Miro a la vía con angustia, nada asoma. Busco a Tracia en el cielo, entre los raíles de la estación. Yo no tengo un ángel. Tengo una gaviota y las gaviotas son mortales. Me alarmo. No sé por qué se apegó a mí . Lo ignoro. Apareció, sobrevolándome un día, la miré y ya no se fue. Y Tracia parece que no envejece. Imagino que la Muerte será el día que no la vea. O será el día que me lleve a volar con ella.

Pero todavía no sé que esa madrugada he de mirar cara a cara a la Muerte, todavía desconozco tantas cosas importantes en ese mediodía... No sé, por ejemplo, que voy a sumar a dos hombres que un día se dividieron. Yo los dividí en mi interior. Tampoco le pregunté a él si en algún momento notó la diferencia, y menos qué fue lo que pensó acerca de esa inquietante cuestión. Le resté importancia. Quise hacerlo y fue pasmoso eso. Ahora lo entiendo. Pero tampoco entonces sé que me voy a enamorar más profundamente, más de lo que estaba previsto. Yo le había reservado sólo ese hueco del calendario para luego tal vez huir. Pero dos hombres que se reúnen de pronto fueron demasiados para ese hueco. Así que me enajeno y todas mis mujeres bailan con ellos. ¡Imbécil! -me atormentaría a la noche la uruguaya cuando no duermo, luego, ¿cómo se te ocurre siquiera pensar eso? Previsto, previsto. Eres tan imbécil que hasta te lo mereces. La uruguaya es dura. Pero no más conmigo que con ella. Ya pasó por la misma experiencia y es puta. Una puta culta que sólo se alquila y lee libros de poesía, que luego esconde en sitios imposibles. Dice que lo hace por su trabajo, para poder acceder a esos hombres que son como él, pero luego no tiene teléfono. Es por ahorrar. ¡Todo pamplinas! Bajo esos bocajarros que te escupe la uruguaya es tan tierna como yo. Mi bebé -dijo. Por un momento se apagaron los interruptores y me desconecté -me disculpo con ella. No noté el dolor. Así que no sé dónde fue que estuve. Me debatí sobre su boca. Me debatí como una roca en el acantilado de una galerna, y creí poder apresar para siempre las terminaciones nerviosas de su lengua, con los músculos más estrictos de los valles cóncavos de mis labios internos. Clavé mi coño en su cara, más hondamente, como si fuera una función transitiva. Y fue un transito. Ebria de deseo y humo alucinogeno me besó la eternidad. Le pedí que se detuviera. Ya no lo quería. Me aterrorizaba quererlo más. Se lo supliqué. Me desesperé. Aún así no lo hizo, se agarró con fuerza a mis nalgas y siguió lamiéndome con una impunidad feroz. Lobo con la loba de alambique. Luego mi clítoris se ocultó dentro de su boca y yo sólo supe que él lo hizo girar. Entonces mi cerebro estalló. Fue algo atroz, insostenible, como un cambio de estructura molecular. La vibración continúo viaje conmigo. Y entre el temblor se abrió un abismo que surgió de la más absoluta oscuridad. Pero yo en el fondo supe que ya no podía, que no quería bajarme de aquello. Era como una prueba. Aunque sospecho que él también lo supo. Y es en ese mismo instante en el que siento que ese hombre sin nombre, me conoce mejor que yo a mí misma, tanto como si estuviera dentro mío, tanto como si pensara lo que yo pienso en el instante mismo en que lo estoy pensando, en el instante en que lo he comenzado a pensar. Sólo necesitaba que alguien me empujase pero no logro confiar en nadie para esa labor. Sólo en mí así que me quedaré sin conocerlo. Pero luego le conozco a él. Y en él también confío. Algo me empuja a hacerlo. En ese amante que a veces sólo es silencio. Creo que supo que si continuaba iba a desconectarme. Y lo quiso. O eso, o que luego le mataría. Pero yo sólo le habría matado por haberse detenido. Me Ganó más de dos veces en menos de 24 horas, cuando nadie se había aproximado siquiera a hacerlo ninguna. Eso lo sabes justo en el momento que ocurre y luego ya no lo olvidas. Estaba arrodillada con las piernas abiertas sobre su cara. Abierta y volcada sobre el vértigo como una matriz. Como ese líquido fluido y puro que golpea el suelo desde las manos de aquella Circe pintada por Waterhouse. Derramándome. No debía ni dejarle respirar. Pero aún así no se detuvo. Me obligó a ir más allá. Y aún más allá de lo que nunca habría imaginado posible. Fue entonces cuando entendí a la uruguaya. Una hora antes no había sido capaz. No había nada ahí afuera, pero Nada. Grité. Detente. No sé que el Amor no tiene nombre, y que por eso aún no lo digo, no lo sé explicar. Quiero decírselo y no puedo. El amor es un secreto. Debe de ser un secreto. La atrayente belleza de esa impávida incertumbre. Y aquí encajan como una cerradura engrasada, esos versos de Mark Strand.

“la puesta de sol. Los prados ardiendo./ El día perdido, perdida la
luz. / ¿Por qué amo lo que huye?”


Eso que compartimos sin nombrarlo, que no nos lo podemos ni explicar. El Amor es una sensación abominable. Aún así, durante días, quiero decírselo y no soy capaz. Quiero contarle como él me contó, con esa mirada suya de ojos bajos que amé... Tracia planea. Por fin la veo por entre los tejados. Me entretuve observando la cámara que estaba sobre mi cabeza, a la derecha, y el grupo de muchachos que esperaba para montarse, por la llegada de otro tren y que a cada minuto se hacía más denso. Eso a la izquierda. Estudiantes. Algunos miran con osadía a esa mujer del abrigo negro y la bolsa de deporte burdeos. Yo. Luego otra mujer vino y se sentó a mi lado. Encendió un cigarrillo, aspiró el humo, sintió el vuelo de mi mirada posándose sobre sus manos y se crispó. Pero Tracia ataviada en sus grises me hace por fin una seña. Sonrío. Quiero pedirle disculpas. Me consuela. Precioso pájaro mío de la casualidad. Si te caga una gaviota estás de suerte. A mí me sucedió cuando era muy pequeña. Estrenaba un vestido nuevo e iba de la mano de mi abuelo. Las detesté con un odio inverso y planificado. Me enfadé mucho con todas hasta que Bach me prestó algún motivo suyo para no hacerlo. Y aquella gaviota también tuvo nombre. Fue la primera. Luego otra, una que vi una mañana estrellarse contra un ventanal. Y luego Tracia, que ya sabe lo que yo no sé. Sabe, por ejemplo, que en las estaciones las mujeres que esperan por el Amor se desorientan. Y me planea que no es necesario que esté tan pendiente de ella, que me despreocupe de su estres, que lo único es que justo cuando la vea... sabré que todo va bien o todo va mal. Ahora recuerdo, Tracia me acompaña desde que Maria de los Ángeles dejó de poder hacerlo y aquel día empezó a rezar el doble por mí. Me lo dijo. Pero no me importo. Me preocupaba más su riego, sus dolores y la osteoporosis de sus huesos. Reza por ti -le dije. A los no creyentes nos importan los rezos una mierda. Entonces apareció Tracia pero yo sigo sin creer en Dios, aunque en estos meses últimos, varias veces me haya planteado la posibilidad de que exista y de que sea un tío cojonudo. Siento más frío, de pronto un frío más frío que me abarca el alma. El aliento se hiela dentro. No respiro. Ese talgo amarillo hace su entrada en la vía de la estación en la que se anunciaba su llegada. No voy a olvidar ese instante. Lo abominable viaja sobre raíles. Y el corazón se detiene porque presiente que van a arrollarlo. Y yo sólo siento que si en el próximo minuto no le veo, voy a morir.

De ese tren bajaran las maletas de mi destino pero yo eso aún no lo sé. Tal vez Tracia. Luego él, antes de que pasen 24 horas, se las llevará consigo.


Ahora el deseo se anuda a mí como una centella y me ahoga la
garganta. Adiós a la voz

5 Comments:

At Sunday, December 04, 2005 10:47:00 AM, Blogger LAPRADERA said...

sigue , sigue ....

un beso

 
At Sunday, December 04, 2005 10:58:00 AM, Blogger C Sh (la autostopista de la curva ) said...

Aquí andaba yo todavía corrigiendo Mujer :)

Un beso para ti.

¿Sabes lo que pienso hacer? Si lo termino. Si esta vez logro contárselo se lo voy a imprimir y encuadernar y luego le propongo que esta vez me deje llevárselo a mí.

No volví a saber nada más de él y pronto serán quince días :')(

Un beso Mujer ;)

 
At Sunday, December 04, 2005 12:41:00 PM, Blogger Colombine said...

quizás cosas así sólo sucedan después en el limbo. por eso no nos lo dejaremos quitar . me gustó mucho, mucho . besos .

 
At Sunday, December 04, 2005 2:16:00 PM, Blogger gota de tinta said...

amamos lo que se va, lo que nos deja, porque somos masoquistas, si soy yo....mejor dicho, asi fuí yo, y quizá un dpia vuelva a jugara aserlo, pero no con él.

me gusrta el nombre de tu blog, y als variadas menciones de viajes, railes y carreteras, viajar es conocer el mundo, y viajar dentro de uno, es la maravilla de saber y de sentir, es un regalo.

besitos!!!

 
At Monday, December 05, 2005 1:06:00 AM, Anonymous Lelaina Pitts said...

Yo ahora sí tengo un ángel :-)

Dices que el amor es un secreto, me recuerda a una pelicula que vi el otro día "los secretos del corazón" "mamá, ¿dónde guaardarías tú un secreto?

Un saludo

 

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