Sunday, December 04, 2005

Domingo, 04 de diciembre

El viernes la zurda me llama durante todo el día. ¿Estás mejor? -me pregunta. Sí, no te preocupes. Así que si esta noche quieres salir, salimos y punto. ¡Pobre zurda! -pienso. Siempre tan desgraciada. Hay que aprovecharse de sus escasos momentos de entusiasmo. Se merece el esfuerzo. En realidad no estoy mucho mejor. Y hoy tampoco. Pero pasa a recogerme y mientras ella que viene del gimnasio cena, yo agarro una manzana del frutero de su cocina y como eso. Santos le tiene preparada una chuleta con patatas fritas sobre la mesa y no dice nada cuando me ve allí. Luego, antes de irnos, froto con la palma de mi mano esa lámpara maravillosa que la zurda me muestra. Ahora está arrepentida con la adquisición. A la zurda le gustan las antigüedades y tiene un gusto caro, y ésta en concreto, le ha salido por un ojo de la cara -me dice Santos luego quejándose aparte, porque lo peor de todo es, dice, que ahora a ella no le gusta como antes, como cuando la vio en el escaparate en el que la descubrió. ¿Qué haces? - me pregunta la zurda con la mirada. El hamster asesino rota la rueda. Yo sí creo en el poder de los deseos -le digo. Déjame que la frote por ti y a ver lo que pasa... Algunos dicen que soy mágica y la zurda lo sabe
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Y salimos y llueve. Y hablamos del amor. A ella le parece de fábula que no llame a ese hombre. A mí por momentos sólo me resulta una idea atractiva y atemorizante a partes iguales. Si no le llamo y él tampoco me llama, todo se acabaría aquí y con ello esta angustia profunda y constante en la que me envuelven las incertidumbres a las que él me somete durante semanas. Ella entiende que él tiene demasiadas facturas que pagar, y yo no que esté tan ocupado con su trabajo y sus proyectos que no tenga ni un sólo minuto para acordarse de mí o enviarme un puto Sms, felicitándome, por ejemplo, la Navidad. Se suponía que lo nuestro había sido mágico, ¿no? Y no se habló una palabra más acerca de ello. Ella dice que me estoy volviendo tan práctica que no sé lo puede ni creer. Ahora me preocupa el futuro y lo poco atractiva que puede resultarle mi mente a alguien como él. Yo predecible, qué gracia. Y lo que entiendo, es que soy tan compleja como una paloma con la que se ha estado ensayando un experimento diabólico en la Skinner Box; lo de las ramitas de olivo era circunstancial pero ahora la paloma gestícula como una loca para que le den de volar. Gira el cuello en el dirección contraria a las agujas del reloj, picotea el suelo, alza alternativamente dos veces cada ala y luego termina por fingir un desmayo. Y ni aún así consigue que le pongan el olivo en el pico, cuando la tía lo que se merece, como poco, es una jaula dorada al lado de las cebras del circo y la de las llamas. ¿Te apetece que nos acerquemos a la Bodega Verde? -le digo. Tomamos unos vinos y luego nos vamos. ¿Pero qué cosa dices? Ya te dije que no pensaba volver por allí. Es cierto pero luego dijo que estaría bien lo de organizar en la bodega una cena para sólo mujeres y ponerle a Américo los dientes largos. La zurda es perversa. También se acuesta con los hombres y luego se avergüenza, y sueña con encontrárselos el día menos pensado persiguiéndola hasta un garito desvencijado que existe en el culo del mundo. Así es como llama ella al pueblo de su marido. A Américo lo vio una vez allí después de que fuera mi amante y lo deseó. Bueno, deseó sentir lo que yo le había contado. Y no paró hasta que se lo serví en bandeja. Alguno tenía que ser. Parecía que necesitábamos exorcizar algo entre nosotras y como a mí los sentimientos resultaba que se me habían muerto...
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Y Américo es un tipo increíble, no como los gilipollas que ella conoce y frecuenta, y supongo que si las cosas hubieran sido sólo un poco distintas hubiera querido seguir acostándome durante mucho tiempo con él. Es que Américo me gustó mucho cuando le conocí. Aquello nuestro que durante unos meses nos sostuvo me pareció lo más cercano a una experiencia de comunicación Vital. Pero Américo es de los que si algún año supieron... ya han olvidado como hacerte volar. Individuos tan prendidos a su miedos que sólo piensan en ellos, incluso cuando follan y te masturban, lo hacen con sus alfileres. Pero sinceramente, ¿lo que más me gustaba de él? La manera especial que tenía de recorrerte la espalda con la mano cuando se agotaba su orgasmo. Era como si quisiera descargar todo su alivio en ti através de su mano o por lo menos yo lo experimentaba así. Y un día de hace un par de meses la zurda se acostó con Américo. Bueno, dígamos que la última vez que salimos juntas llovía y eso fue lo más interesante que ocurrió. Disfrutamos juntas de un hombre por tercera vez. Primero en la playa, bajo la lluvia y después en su furgoneta. Aunque esa vez se lo cedí con gusto. Para dos no había y yo no soporto las migajas. Además fue bonito aquello de la complicidad que se estableció entre los dos. Yo le sonreía con los ojos todo el tiempo y él me sonreía de la misma forma, sin apartar su vista de mí, mientras la zurda mantenía los ojos cerrados y él la besaba. Fue como si corporalmente estuviera con una, pero luego la mente se encontrara más allá del cuerpo con la falta de corporalidad de la otra. Debía estar resultándole terriblemente excitante sino fuera por el miedo. A mí no. Para mí sólo fue curioso sentir tan poco por un hombre que en el pasado llegó a decirme tanto.
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Pero en el fondo compadezco a Américo. Tampoco tiene fácil aquello de que alguien de su entorno estimule un mínimo su cerebro. Por eso le gustaba yo y no quería acostarse conmigo. Decía que era una persona muy interesante para desperdiciarme con el sexo. El sexo entre nosotros era brutal pero para su gusto demasiado. De repente toda la estabilidad de su vida se tambaleaba. Decía: apareces y me tambaleo y nosotros no nos podemos enamorar -añadía. No sería justo para ninguno. Pues tú no lo hagas.Esa era mi respuesta. No encontraba justo el que lo único que a mí me interesara de él fuese el sexo. Pero era sólo eso. Lamentablemente y la justicia no existe. Y luego, después de eso, vino lo mejor, la zurda y yo nos reímos mucho, estuvimos riéndonos durante horas, días, semanas, y cogimos más confianza entre nosotras. Tanta que de repente hasta nos parecía que podríamos comernos juntas a cualquiera de mis amantes. Bueno, es que los suyos quedan descartados por deplorables.
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Llueve a mares. Y tomamos una calle arriba mientras seguimos hablando del amor. Luego una cerveza belga en una cervecería desde la que yo, de vez en cuando, miro por el rabillo del ojo hacia esas ventanas que hasta hace cosa de un año consumían toda mi atención. Antes de ahora, sí estuve muy enamorada de un tipo que vivía con su familia en aquel sexto piso surcado por una luz mortecina y sepia. El tipo se llamaba Sixto P. y cuando lo conocí me recordó a un poema de Benedetti. Uno que habla de la tristeza y las ventanas. A veces Benedetti también resulta sepia y mortecino, como cuando recita versos suyos o de otro en alemán. Y subo por las escaleras en busca de la intimidad del baño donde me lío un cigarro de marihuana suave. Bajo con él guardado en el bolso y nos vamos pero antes me siento tentada de atizarle a un payaso un puñetazo en la punta de la nariz. Aunque luego lo dejo sólo en una de mis miradas. Dicen que son más físicas y duelen el doble que los golpes. Yo, como no me la he visto, no puedo opinar.
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Y fuera sucede una tormenta inenarrable. Las cúpulas de la catedral se iluminan bajo una luz espectral. Es un espectáculo muy bello. La zurda tiene miedo y yo trato de darle confianza. Hace años que me curé el miedo a las tormentas cuando me sorprenden por la calle. Lo malo es en casa, cuando me quedo sola y se apaga la luz. Eso sigue asustándome. Y entonces casi prefiero salir a la calle en busca de la sensación de control; de lo que deduzco que lo que me asusta sigue siendo la oscuridad como cuando era niña y no podía soportar, bajo ningún concepto, dormir sola y mi abuelo, noche tras noche, me contaba cuentos chinos de la familia hasta que mi cansancio le liberaba.

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Una cerveza más en un pub con nombre de ábside, situado frente a una iglesia románica, en el que no habíamos estado nunca. Y una última en el garito que las dos solemos frecuentar, casi como religión los viernes por la tarde. Dos jovenes caminan delante de nosotras. Él más rubio se da la vuelta y me mira. Nos dejan adelantarles y luego nos siguen. Me doy cuenta de eso, la zurda no. Hace una hora que hablamos de trabajo. La zurda es ambiciosa y no quiere jubilarse trabajando para el hospital. Me pregunta si yo estaría dispuesta a comprometerme con ella en un negocio. Está pensando en abrir un centro de día para ancianos, y desde hace una semana no hace más que perseguirme con un periódico en la mano. Mira, aquí piden -me dice. ¿A quién me recordará? -pienso como hablando con él. Y lo que pienso es que le resutaría divertido si pudiera contárselo. Quizás otro día, tal vez, de nuevo, cenando. Pero Zurda, por favor, y que pinto yo en eso si ni siquiera tengo 'curriculunvite' que envíar. Tampoco me atrae la idea de lo que me propone. Pero procuro no decepcionarla. Ella y sus expectativas. Yo le hablo de irme, lejos, una temporada. Es lo que me pide el cuerpo. Pero la zurda a pesar de que le digo que no, pretende arrastrarme hasta la nieve el sábado. No quiere aprender sola a esquiar. Quiere que aprendamos juntas las dos y le hagamos de mascotas a Sandra. Y hablamos del amor. Le digo que si puedo enseñarle esas fotos que le hice desnuda, a Coga. Coga la encuentra bellísima. ¿Es tan blanca? -me pregunta. La zurda es como de alabastro. Yo asiento. El contraste le fascina pero ni aún así siento celos o envidia de esa levedad.
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Y ahora no puedo seguir. Es tarde.

8 Comments:

At Monday, December 05, 2005 12:02:00 AM, Blogger LAPRADERA said...

Esta es ru otra manera de contar las cosas .Mas ordenada , mas tranquila , mas serena ...

Ami me gustan las dos , y es que me sorprendo a mi misma , cada mañana , encendiendo el ordenador para ver si hay algo nuevo en tu blog... ahora y así , ya puedo empezar a trabajar... afuera llueve mucho ...

que tengas un buen día

 
At Monday, December 05, 2005 1:12:00 AM, Anonymous Lelaina Pitts said...

Me gustan las tormentas fuertes, y leerte. Me gusta mucho leerte.

 
At Monday, December 05, 2005 3:16:00 AM, Anonymous Fernando said...

Otro camino entre bosques y jardines y otros códigos, pero siempre tú...

Un abrazo :)

 
At Monday, December 05, 2005 4:33:00 AM, Blogger Javier said...

Tanta busqueda y persecución por el ciber espacio...y sin tiempo de leerte...con calma
te esperaras a que lea todo...
el puñalón

 
At Monday, December 05, 2005 4:35:00 AM, Blogger Javier said...

te esperaras? perdon por la falta de la interrrogación

 
At Monday, December 05, 2005 5:09:00 AM, Anonymous Anonymous said...

Un placer leerte... aunque todavía me falta un poco...
Un besote enorme

 
At Monday, December 05, 2005 5:49:00 AM, Blogger Egonauta said...

Escribo borracho por los embates de tus letras. He seguido contigo un desgranar de horas, de amores narrardos, de éxtasis vividos. No intento serenarme, sería como perder el fundamento. Prefiero seguir en la ebriedad "letrílica" que inspiras.

Hasta tu próximo orgásmo literal.

Egonauta

 
At Monday, December 05, 2005 5:54:00 AM, Blogger c. said...

qué bueno fue leerte... gracias por ir y saludos, c.

 

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